"Tú tiras de mí a través del tiempo"
(La fuente de la vida)
Ahora sé lo que siento y sé por qué lo siento.
Nuestro amor es una carrera contra el tiempo y, de alguna forma, presiento que viene de atrás. De otras épocas, de otras vidas.
Mil vidas que viviera, mil veces que te encontraría. Algunas sabiendo que te busco. Otras dándome cuenta de que te he buscado siempre justo al encontrarte.
En esta vida no nos separa el tiempo. Al que tú vuelves una y otra vez lamentándote de capas de años que quizá hayas vivido, pero que - esto es seguro - no sientes.
No. En esta vida no nos separa el tiempo sino su obra, sus consecuencias. Que no son otra cosa más que nuestra historia vital, lo que arrastramos. Lo que hemos decidido (y quizá por eso nos hemos visto obligados) a construir.
Y sin embargo, a pesar de los muros y los fosos, de los abismos y las tormentas, al final nos encontramos.
Al final nos descubrimos.
Es ahora cuando estamos inventándonos.
Es ahora cuando estamos naciendo.
Al final nos abrazamos.
Vida tras vida acortaré las capas de años que nos separan. Cada vez que nazca te robaré un año, un día, un segundo.
Da igual.
Naceré y moriré todas las veces que sea necesario, de todas las formas que sean precisas, hasta que logre sincronizar nuestros latidos en un alejamiento inexistente. Hasta que el tiempo que nos separa tenga la misma distancia que la de nuestros labios al besarse: ninguna.
Y cuando llegue tan ansiado momento, tú tendrás otro nombre y otro cuerpo, pero la misma mirada tierna que es incapaz de esconder el amor que necesitas derramar.
Y yo tendré otro nombre y otro cuerpo, pero te acariciaré de la misma forma en la que te vengo acariciando durante tantos siglos y tantas vidas. Porque siempre nos encontramos. Y siempre estaremos condenados a encadenarnos mutuamente. Siempre estaremos condenados a enamorarnos. Millones de veces nos hemos amado y siempre es la primera vez.
Tendremos otro nombre y otro cuerpo, pero nos re-cord-aremos. Siempre acabaremos volviendo el uno al corazón del otro.
El día que eso ocurra, y ten por cierto que ha de ocurrir, que es inevitable, el día que eso ocurra el mundo entero estallará de amor.
Hasta ese momento el mundo se tendrá que seguir conformando sólo con la esperanza.
viernes, 25 de junio de 2010
lunes, 21 de junio de 2010
Let's talk, let's cry, let's shout.
Hablemos.
Hablemos de las decisiones que pican como arañas venenosas y que te van llenando de ponzoña.
Hablemos de los deseos irrealizables que retiemblan en el fondo de tu esófago. Las emociones que te despiertan te revientan contra el suelo.
Hablemos de las ganas de morir que tenemos los que ya estamos muertos pero condenados a sentir.
Hablemos. Hablemos y lloremos.
Lloremos.
Lloremos por el "sí" que aúlla tu cuerpo y el "no" que envuelve tus palabras. Por la afirmación que siempre me brinda tu desnudez en mi cama y por la negación que siempre cargarás a través de tu vida, de tu mundo. Me dirás que no tantas veces...
Lloremos por el tiempo que sólo pudimos medir en besos y no en minutos, en abrazos y no en horas. Tiempo eterno. Tiempo de carne.
Lloremos por sentir cómo se nos desgaja el cuerpo cada vez que nos unimos. Lloremos por tener que volver a recomponerlo siempre que nos separamos.
Lloremos. Lloremos y gritemos.
Gritemos.
Gritemos por el idealismo que sólo puede dar un amor como el nuestro. Opaco y puro. Desesperado y transparente. Incandescente.
Gritemos por los límites que nos imponemos para mantener en tu caso, una vida plena y repleta de alegría, en el mío, una vida marcada por la oscuridad de un lenguaje sin caricias.
Gritemos porque de alguna forma hay que soltar los millones de unicornios que nos clavan el uno en el otro. Porque tiene que salir por nuestras bocas un orgasmo de nostalgia o una agonía de pasión demasiado efímera para morir en ella.
Gritemos.
Y jamás se me ocurriría culparte.
Pero la frustración y la angustia existen. Poco a poco me van poseyendo y sé que tengo que culpar a alguien.
Pero jamás podré culparte.
Así que me culpo a mí mismo sabiendo que eso me llevará a cotas inexploradas de tristeza y amargura.
Sin embargo he de elegir entre deprimirme o enloquecer.
Quizá no deba precipitarme. Quizá la tristeza sólo prolongue el tono gris de esta separación.
Quizá NECESITE enloquecer.
Hablemos.
Lloremos.
Gritemos.
Hablemos de las decisiones que pican como arañas venenosas y que te van llenando de ponzoña.
Hablemos de los deseos irrealizables que retiemblan en el fondo de tu esófago. Las emociones que te despiertan te revientan contra el suelo.
Hablemos de las ganas de morir que tenemos los que ya estamos muertos pero condenados a sentir.
Hablemos. Hablemos y lloremos.
Lloremos.
Lloremos por el "sí" que aúlla tu cuerpo y el "no" que envuelve tus palabras. Por la afirmación que siempre me brinda tu desnudez en mi cama y por la negación que siempre cargarás a través de tu vida, de tu mundo. Me dirás que no tantas veces...
Lloremos por el tiempo que sólo pudimos medir en besos y no en minutos, en abrazos y no en horas. Tiempo eterno. Tiempo de carne.
Lloremos por sentir cómo se nos desgaja el cuerpo cada vez que nos unimos. Lloremos por tener que volver a recomponerlo siempre que nos separamos.
Lloremos. Lloremos y gritemos.
Gritemos.
Gritemos por el idealismo que sólo puede dar un amor como el nuestro. Opaco y puro. Desesperado y transparente. Incandescente.
Gritemos por los límites que nos imponemos para mantener en tu caso, una vida plena y repleta de alegría, en el mío, una vida marcada por la oscuridad de un lenguaje sin caricias.
Gritemos porque de alguna forma hay que soltar los millones de unicornios que nos clavan el uno en el otro. Porque tiene que salir por nuestras bocas un orgasmo de nostalgia o una agonía de pasión demasiado efímera para morir en ella.
Gritemos.
Y jamás se me ocurriría culparte.
Pero la frustración y la angustia existen. Poco a poco me van poseyendo y sé que tengo que culpar a alguien.
Pero jamás podré culparte.
Así que me culpo a mí mismo sabiendo que eso me llevará a cotas inexploradas de tristeza y amargura.
Sin embargo he de elegir entre deprimirme o enloquecer.
Quizá no deba precipitarme. Quizá la tristeza sólo prolongue el tono gris de esta separación.
Quizá NECESITE enloquecer.
Hablemos.
Lloremos.
Gritemos.
lunes, 7 de junio de 2010
De los cuerpos y la muerte
Voy a hablarte de la muerte. De la muerte y del sexo.
Me he dado cuenta de que, en realidad, soy un suicida.
Lo he visto en la manera que tengo de lanzarme a tus labios.
No te beso, sino que me tiro a ellos como de un acantilado. Y como en un acantilado al final me esperan la muerte y el agua.
Es cierto que trato de besarte con ternura, pero en el último momento siempre me abalanzo a tu boca desesperadamente. Y no te beso con mis labios, sino con todo mi ser.
Eres pura vida y el único regalo que se le puede hacer a la vida es otra vida.
Trato de darte la mía en cada beso.
Hablo de muerte y de suicidio porque en la fracción de segundo que nuestros labios se tocan, que siento tu aliento como una tormenta de emociones en mi rostro, que siento el calor de tu carne como el magma de un deseo, muero.
Quizá mi corazón siga latiendo (de hecho lo hace con más fuerza que nunca), quizá siga respirando (te respiro a ti), pero mi esencia, mi subjetividad se astillan entre tus labios y tu lengua.
He desaparecido en la humedad de agua que eres.
De agua es la saliva que me disuelve en ti.
De agua son las lágrimas que hierven mis ojos al separarme de ti.
Por lo visto, de agua es la muerte y el suicidio.
Y cómo me encanta morir frente a tus ojos. Cómo disfruto suicidándome una y otra vez contra tus labios.
Es esa muerte la que irremediablemente despierta mis ganas de vida.
Pero si te he besado, estoy muerto. Y un muerto no puede sentir la vida de forma idealizada y distanciada (como si aún viviera en ella). El muerto siente la vida en la biología. En la pulsión.
Es por eso que cuando me coses a la vida después de haberte besado, sólo puedo sentir un deseo brutalmente apasionado de tu alma y tu cuerpo. A esa sensación me han enseñado a ponerle el nombre de lujuria.
Pero es un millón de veces más intensa, un millón de veces más animal y un millón de veces más espiritual.
Te he dicho que estoy muerto. En el sexo busco, sin poder evitarlo, que me mates definitivamente (que muera mi cuerpo igual que mi conciencia). En el sexo busco, sin querer pretenderlo, que me vuelvas inmortal, que hagas que mi vida no se extinga nunca.
Porque tu cuerpo es mi muerte y mi vida.
Me atrae de una forma tan tremenda que comienzo a pensar si tu cuerpo no será mi propio sol.
Que desgarraría tu cuerpo a dentelladas de pasión, a sablazos de amor, para introducirme en él, para cambiarme por él.
Tan expuesto y tan secreto. Tu cuerpo es la incógnita de mi esencia.
Lo quiero tanto. Lo admiro tanto. Me vuelve tan loco ese lago de carne que es tu cuerpo que me arrodillaría frente a él para guardarle el debido respeto.
Tu cuerpo es el mapa de mis deseos.
Me he dado cuenta de que, en realidad, soy un suicida.
Lo he visto en la manera que tengo de lanzarme a tus labios.
No te beso, sino que me tiro a ellos como de un acantilado. Y como en un acantilado al final me esperan la muerte y el agua.
Es cierto que trato de besarte con ternura, pero en el último momento siempre me abalanzo a tu boca desesperadamente. Y no te beso con mis labios, sino con todo mi ser.
Eres pura vida y el único regalo que se le puede hacer a la vida es otra vida.
Trato de darte la mía en cada beso.
Hablo de muerte y de suicidio porque en la fracción de segundo que nuestros labios se tocan, que siento tu aliento como una tormenta de emociones en mi rostro, que siento el calor de tu carne como el magma de un deseo, muero.
Quizá mi corazón siga latiendo (de hecho lo hace con más fuerza que nunca), quizá siga respirando (te respiro a ti), pero mi esencia, mi subjetividad se astillan entre tus labios y tu lengua.
He desaparecido en la humedad de agua que eres.
De agua es la saliva que me disuelve en ti.
De agua son las lágrimas que hierven mis ojos al separarme de ti.
Por lo visto, de agua es la muerte y el suicidio.
Y cómo me encanta morir frente a tus ojos. Cómo disfruto suicidándome una y otra vez contra tus labios.
Es esa muerte la que irremediablemente despierta mis ganas de vida.
Pero si te he besado, estoy muerto. Y un muerto no puede sentir la vida de forma idealizada y distanciada (como si aún viviera en ella). El muerto siente la vida en la biología. En la pulsión.
Es por eso que cuando me coses a la vida después de haberte besado, sólo puedo sentir un deseo brutalmente apasionado de tu alma y tu cuerpo. A esa sensación me han enseñado a ponerle el nombre de lujuria.
Pero es un millón de veces más intensa, un millón de veces más animal y un millón de veces más espiritual.
Te he dicho que estoy muerto. En el sexo busco, sin poder evitarlo, que me mates definitivamente (que muera mi cuerpo igual que mi conciencia). En el sexo busco, sin querer pretenderlo, que me vuelvas inmortal, que hagas que mi vida no se extinga nunca.
Porque tu cuerpo es mi muerte y mi vida.
Me atrae de una forma tan tremenda que comienzo a pensar si tu cuerpo no será mi propio sol.
Que desgarraría tu cuerpo a dentelladas de pasión, a sablazos de amor, para introducirme en él, para cambiarme por él.
Tan expuesto y tan secreto. Tu cuerpo es la incógnita de mi esencia.
Lo quiero tanto. Lo admiro tanto. Me vuelve tan loco ese lago de carne que es tu cuerpo que me arrodillaría frente a él para guardarle el debido respeto.
Tu cuerpo es el mapa de mis deseos.
domingo, 23 de mayo de 2010
Pain Of Salvation RULES!!!!!!!!!!
Lo han vuelto a hacer.
Malditos genios envidiables.
Pain of Salvation tiene nuevo disco. POR FIN.
No suelo hacer posts sobre discos, pero este es especial. Quizá se deba a que ha llegado en el momento justo de mi vida. Me encanta sentir cómo la voz de Daniel Gildenlöw y la música del grupo se van entrelazando dulcemente con las emociones que estoy viviendo últimamente.
Jamás un disco sobre desamor fue tan potente, tan verdadero, tan tajante.
La obra maestra en cuestión se llama ROAD SALT ONE y está disponible en una versión estándar y otra limitada. Como soy un friki de cuidado, ya tengo las dos. Por supuesto, me gusta más la limitada porque hay un par de canciones en versión extendida y un tema de regalo que abre el disco; sólo dura 50 segundos, pero son los mejores 50 segundos que he escuchado últimamente. Puro juego de voces al estilo POS (Abreviatura de Pain of Salvation).
I: La música
POS ha llegado a definir la música de su nuevo disco en su página web como "12 temas de grava sudorosa, mariposas de asfalto, caminos inexplorados y decisiones valientes".
No puedo estar más de acuerdo.
Ciertas reminiscencias melódicas de puro rock setentero muy bien conjugadas por los toques pesados y profundos propios de POS. Melodías fáciles de seguir y escuchar que no por ello dejan de poner los pelos de punta.
Me quedo por supuesto con la voz de Daniel y del resto del grupo, los toques de bajo del estribillo de "Curiosity", la batería suave e intensa de "Sisters" y ese gospel desesperado que es "Of Dust".
Vale, no puedo elegir.
Me encanta TODA la música del disco, pero matizo los puntos que por ahora me han atravesado la conciencia.
Además renuncio a traicionar con las palabras lo que sólo se puede captar con los oídos y con el alma. Si queréis experimentarlo vosotros, escuchad el disco.
No os arrepentiréis, es brutal.
II: Las letras
Aún estoy en proceso de traducción y de "empapamiento", pero, para variar, son grandiosas.
Adelanto, como ya he dicho, que es un disco de desamor. Pero no sólo de eso, sino que engloba las reflexiones más profundas que esa situación nos obliga a tener. El lado más pulsional, deseante y angustioso, junto con el idealismo romántico del que el alma hace gala para resistirse al fin del amor. Y la consabida pregunta ¿por qué? toma carne en las palabras que se deslizan durante todas las canciones.
Sentimientos profundos hasta la raíz de su significado, rabiosos, desesperados, agridulces y resignados. Pura pérdida, pura vida.
Es fascinante cómo cada sílaba se mezcla con cada nota para formar ese conjunto complejo que es nuestro lado más oscuro y a la vez, nuestro lado más puro.
El abrazo de los contrarios, de los extremos, eso es, como su nombre indica, Pain Of Salvation. Eso es Road Salt One.
Así que yo me tiro de cabeza de nuevo a buscar, en esa agonía inseparable entre letra y música, mi alma, mi vida y mi yo.
Larga vida a Pain of Salvation.
Malditos genios envidiables.
Pain of Salvation tiene nuevo disco. POR FIN.
No suelo hacer posts sobre discos, pero este es especial. Quizá se deba a que ha llegado en el momento justo de mi vida. Me encanta sentir cómo la voz de Daniel Gildenlöw y la música del grupo se van entrelazando dulcemente con las emociones que estoy viviendo últimamente.
Jamás un disco sobre desamor fue tan potente, tan verdadero, tan tajante.
La obra maestra en cuestión se llama ROAD SALT ONE y está disponible en una versión estándar y otra limitada. Como soy un friki de cuidado, ya tengo las dos. Por supuesto, me gusta más la limitada porque hay un par de canciones en versión extendida y un tema de regalo que abre el disco; sólo dura 50 segundos, pero son los mejores 50 segundos que he escuchado últimamente. Puro juego de voces al estilo POS (Abreviatura de Pain of Salvation).
I: La música
POS ha llegado a definir la música de su nuevo disco en su página web como "12 temas de grava sudorosa, mariposas de asfalto, caminos inexplorados y decisiones valientes".
No puedo estar más de acuerdo.
Ciertas reminiscencias melódicas de puro rock setentero muy bien conjugadas por los toques pesados y profundos propios de POS. Melodías fáciles de seguir y escuchar que no por ello dejan de poner los pelos de punta.
Me quedo por supuesto con la voz de Daniel y del resto del grupo, los toques de bajo del estribillo de "Curiosity", la batería suave e intensa de "Sisters" y ese gospel desesperado que es "Of Dust".
Vale, no puedo elegir.
Me encanta TODA la música del disco, pero matizo los puntos que por ahora me han atravesado la conciencia.
Además renuncio a traicionar con las palabras lo que sólo se puede captar con los oídos y con el alma. Si queréis experimentarlo vosotros, escuchad el disco.
No os arrepentiréis, es brutal.
II: Las letras
Aún estoy en proceso de traducción y de "empapamiento", pero, para variar, son grandiosas.
Adelanto, como ya he dicho, que es un disco de desamor. Pero no sólo de eso, sino que engloba las reflexiones más profundas que esa situación nos obliga a tener. El lado más pulsional, deseante y angustioso, junto con el idealismo romántico del que el alma hace gala para resistirse al fin del amor. Y la consabida pregunta ¿por qué? toma carne en las palabras que se deslizan durante todas las canciones.
Sentimientos profundos hasta la raíz de su significado, rabiosos, desesperados, agridulces y resignados. Pura pérdida, pura vida.
Es fascinante cómo cada sílaba se mezcla con cada nota para formar ese conjunto complejo que es nuestro lado más oscuro y a la vez, nuestro lado más puro.
El abrazo de los contrarios, de los extremos, eso es, como su nombre indica, Pain Of Salvation. Eso es Road Salt One.
Así que yo me tiro de cabeza de nuevo a buscar, en esa agonía inseparable entre letra y música, mi alma, mi vida y mi yo.
Larga vida a Pain of Salvation.
viernes, 21 de mayo de 2010
¡Joder!
Hoy estoy enfadado por palabras que no llegan,
estoy decepcionado por letras que no existen.
Hoy soy un adolescente enfurruñado
por un deseo frustrado.
estoy decepcionado por letras que no existen.
Hoy soy un adolescente enfurruñado
por un deseo frustrado.
viernes, 14 de mayo de 2010
Me confieso, así que dejadme en paz
No soy un intelectual.
Puede que alguna vez lo haya pretendido, igual que una vez pretendí ser músico y una vez pretendí ser psicólogo y una vez pretendí ser escritor y unas dos veces pretendí ser novio.
Utilizo el verbo "pretender" con la significación doble de dos lenguas.
En español "pretender" significa tener la intención de (ser) algo.
En inglés "To pretend" significa fingir.
Así que tuve la intención de ser todas esas cosas a la vez que las fingía.
No soy un buen amigo y tampoco soy un buen novio. No soy un buen hijo y cierta certeza me atraviesa diciéndome que tampoco seré un buen padre si algún día tengo descendencia.
No soy bueno en nada.
No soy buena persona.
Suena a autocompasión. Lo sé porque son infinitas las veces que me he autocompadecido. También diré que ya no me avergüenza, porque no está mal que uno sienta pena de uno mismo. Si ni siquiera puedes permitirte tristeza y compasión contigo mismo, entonces te odias tanto que ya no es humano, sino mortal. La autocompasión puede ser el abrazo de emergencia, el último, antes del desastre. Así que sé perfectamente que suena a autocompasión.
Pero no lo es, y me importa tres cojones lo que penséis si estais leyendo esto.
Digo que no soy bueno en nada, que no soy buena persona por las mismas razones que llevo cuatro años diciendo cosas en este blog. Para expíar mi culpa, para calmarme.
Quizá sólo me haya traicionado a mí mismo una vez aquí, cuando, rompiendo la promesa que me hice de permanecer en el anónimato, difundí la dirección del blog señalándome.
No puedo evitar pensar que lo hice para conseguir halagos y aprobación, pero simultaneamente pagué el precio. Volverme más vulnerable de lo que ya soy.
Me he dado cuenta de lo incomprensible que resulta mi identidad. Mejor dicho, de lo incomprensible para los otros que resulta mi viaje hacia mi esencia.
A pesar de intentar adornarlo con belleza en las palabras o de tratar de provocar estremecimientos con imágenes violentas, al final es ininteligible.
Al final, el tratar de ser aceptado mediante el desentrañamiento de mi alma resulta pueril, estúpido, agotador e inútil.
Así que no soy un intelectual, no soy un buen novio ni un buen amigo, ni un buen hijo ni seré un buen padre.
Porque no soy nada. Porque ninguno de nosotros somos nada. Pero tratamos de pretender y de fingir que somos algo. Nos apoyamos los unos a los otros en una parodia de relación humana. Miramos, cotilleamos y diseccionamos el interior de los otros, pero somos incapaces (malditos cobardes) de asomarnos mínimamente a nuestro propio interior.
Llevo cuatro años gritando que no somos nada. Que la vida y la muerte están unidas sólo porque hay conciencia.
Llevo cuatro años gritando que estoy lleno de odio y que me muero por soltar todo el amor que llevo dentro.
Cuatro años expulsando rabia y llanto en forma de letras y frases.
Llevo cuatro años utilizando este blog como muleta.
Y no sé si esto es el final, no sé si cerrarlo y olvidarlo.
No sé si dejar de hablar de suicidio y experimentarlo de una puta vez como hizo ella.
Porque no me entenderéis nunca. Y me da completamente igual que penséis que es una prepotencia por mi parte, igual que me da completamente igual que penséis que es autocompasión.
Hablé para aclararme, no para gustaros (aunque hubiera sido fabuloso).
Escribí para ordenarme, no para agradaros (aunque a veces también lo PRETENDÍ).
Quizá esto tampoco se entienda. No importa.
No soy un intelectual.
No soy una buena persona.
No soy, joder. No necesito sentir que me crucificáis, prefiero ahorraros el trabajo y hacerlo yo mismo.
Así que ahora dejadme en paz.
Puede que alguna vez lo haya pretendido, igual que una vez pretendí ser músico y una vez pretendí ser psicólogo y una vez pretendí ser escritor y unas dos veces pretendí ser novio.
Utilizo el verbo "pretender" con la significación doble de dos lenguas.
En español "pretender" significa tener la intención de (ser) algo.
En inglés "To pretend" significa fingir.
Así que tuve la intención de ser todas esas cosas a la vez que las fingía.
No soy un buen amigo y tampoco soy un buen novio. No soy un buen hijo y cierta certeza me atraviesa diciéndome que tampoco seré un buen padre si algún día tengo descendencia.
No soy bueno en nada.
No soy buena persona.
Suena a autocompasión. Lo sé porque son infinitas las veces que me he autocompadecido. También diré que ya no me avergüenza, porque no está mal que uno sienta pena de uno mismo. Si ni siquiera puedes permitirte tristeza y compasión contigo mismo, entonces te odias tanto que ya no es humano, sino mortal. La autocompasión puede ser el abrazo de emergencia, el último, antes del desastre. Así que sé perfectamente que suena a autocompasión.
Pero no lo es, y me importa tres cojones lo que penséis si estais leyendo esto.
Digo que no soy bueno en nada, que no soy buena persona por las mismas razones que llevo cuatro años diciendo cosas en este blog. Para expíar mi culpa, para calmarme.
Quizá sólo me haya traicionado a mí mismo una vez aquí, cuando, rompiendo la promesa que me hice de permanecer en el anónimato, difundí la dirección del blog señalándome.
No puedo evitar pensar que lo hice para conseguir halagos y aprobación, pero simultaneamente pagué el precio. Volverme más vulnerable de lo que ya soy.
Me he dado cuenta de lo incomprensible que resulta mi identidad. Mejor dicho, de lo incomprensible para los otros que resulta mi viaje hacia mi esencia.
A pesar de intentar adornarlo con belleza en las palabras o de tratar de provocar estremecimientos con imágenes violentas, al final es ininteligible.
Al final, el tratar de ser aceptado mediante el desentrañamiento de mi alma resulta pueril, estúpido, agotador e inútil.
Así que no soy un intelectual, no soy un buen novio ni un buen amigo, ni un buen hijo ni seré un buen padre.
Porque no soy nada. Porque ninguno de nosotros somos nada. Pero tratamos de pretender y de fingir que somos algo. Nos apoyamos los unos a los otros en una parodia de relación humana. Miramos, cotilleamos y diseccionamos el interior de los otros, pero somos incapaces (malditos cobardes) de asomarnos mínimamente a nuestro propio interior.
Llevo cuatro años gritando que no somos nada. Que la vida y la muerte están unidas sólo porque hay conciencia.
Llevo cuatro años gritando que estoy lleno de odio y que me muero por soltar todo el amor que llevo dentro.
Cuatro años expulsando rabia y llanto en forma de letras y frases.
Llevo cuatro años utilizando este blog como muleta.
Y no sé si esto es el final, no sé si cerrarlo y olvidarlo.
No sé si dejar de hablar de suicidio y experimentarlo de una puta vez como hizo ella.
Porque no me entenderéis nunca. Y me da completamente igual que penséis que es una prepotencia por mi parte, igual que me da completamente igual que penséis que es autocompasión.
Hablé para aclararme, no para gustaros (aunque hubiera sido fabuloso).
Escribí para ordenarme, no para agradaros (aunque a veces también lo PRETENDÍ).
Quizá esto tampoco se entienda. No importa.
No soy un intelectual.
No soy una buena persona.
No soy, joder. No necesito sentir que me crucificáis, prefiero ahorraros el trabajo y hacerlo yo mismo.
Así que ahora dejadme en paz.
domingo, 11 de abril de 2010
Sobre el amor y la muerte
"¿Me quieres?"
Preguntas y callas. Esperando. Como si yo fuera capaz de colmar tu deseo con mi voz, como si con frases yo pudiera escribir tu corazón.
"¿Me quieres?"
Sí, por supuesto, pero no te lo diré. Porque no significaría nada. Porque las palabras se enganchan a los pájaros para tocar el cielo sin haber sido nunca vistas.
Si me quiebras en dos, si destrozas mi esternón, verás las palabras que me pides, entonces esas palabras pesarán. Estarán empapadas en sangre, bien atadas a mi alma con una soga de arterias. Pero ya estarán muertas.
"¿Me quieres?"
No quieres escuchar "sí" o "no". Quieres SABERLO con CERTEZA ABSOLUTA. Y las únicas palabras que siempre la han dado son las que fueron arrancadas del cuerpo.
Rasga mi piel, revienta mis costillas, estruja mi corazón y las verás en lo más hondo de mí. Pegadas a mis pulmones, pues por ellas respiro.
Pero ya estaré muerto. Por eso las palabras que buscas, en ese momento y sólo entonces, pesarán. Tomarán cuerpo y sustancia.
"¿Me quieres?"
Jamás podrás saberlo. Infinitas veces preguntas, infinitos silencios responden.
Ahí está tu dilema. El tuyo y el de todos.
Para saber hay que llamar a la muerte.
Sólo lo que está muerto, pesa.
Yo te quiero también sin saber la respuesta.
Pero amando lo que no conocemos, somos.
Personas, vida. Somos.
La muerte es la única certeza que tenemos en este mundo.
No es extraño, pues, que todo lo que ella toque, se vuelva cierto.
Exista realmente.
El amor te hace flotar.
Engaña a la gravedad para llevarte a las estrellas.
El amor te da vida porque te quita peso.
Un amor que pesa como el granito
es tan cierto como la muerte
y está tan muerto como ella.
"¿Me quieres"?
Sólo hay una forma de que lo sepas sin matarme, sin matarte.
Bésame.
Porque en los besos no ves las palabras, no las escuchas.
Pero las sientes viajar de mi boca a la tuya y al revés.
Morimos en los besos.
Nacemos en las palabras.
Bésame, quiero morir.
Preguntas y callas. Esperando. Como si yo fuera capaz de colmar tu deseo con mi voz, como si con frases yo pudiera escribir tu corazón.
"¿Me quieres?"
Sí, por supuesto, pero no te lo diré. Porque no significaría nada. Porque las palabras se enganchan a los pájaros para tocar el cielo sin haber sido nunca vistas.
Si me quiebras en dos, si destrozas mi esternón, verás las palabras que me pides, entonces esas palabras pesarán. Estarán empapadas en sangre, bien atadas a mi alma con una soga de arterias. Pero ya estarán muertas.
"¿Me quieres?"
No quieres escuchar "sí" o "no". Quieres SABERLO con CERTEZA ABSOLUTA. Y las únicas palabras que siempre la han dado son las que fueron arrancadas del cuerpo.
Rasga mi piel, revienta mis costillas, estruja mi corazón y las verás en lo más hondo de mí. Pegadas a mis pulmones, pues por ellas respiro.
Pero ya estaré muerto. Por eso las palabras que buscas, en ese momento y sólo entonces, pesarán. Tomarán cuerpo y sustancia.
"¿Me quieres?"
Jamás podrás saberlo. Infinitas veces preguntas, infinitos silencios responden.
Ahí está tu dilema. El tuyo y el de todos.
Para saber hay que llamar a la muerte.
Sólo lo que está muerto, pesa.
Yo te quiero también sin saber la respuesta.
Pero amando lo que no conocemos, somos.
Personas, vida. Somos.
La muerte es la única certeza que tenemos en este mundo.
No es extraño, pues, que todo lo que ella toque, se vuelva cierto.
Exista realmente.
El amor te hace flotar.
Engaña a la gravedad para llevarte a las estrellas.
El amor te da vida porque te quita peso.
Un amor que pesa como el granito
es tan cierto como la muerte
y está tan muerto como ella.
"¿Me quieres"?
Sólo hay una forma de que lo sepas sin matarme, sin matarte.
Bésame.
Porque en los besos no ves las palabras, no las escuchas.
Pero las sientes viajar de mi boca a la tuya y al revés.
Morimos en los besos.
Nacemos en las palabras.
Bésame, quiero morir.
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