Tres tíos durmiendo en la misma habitación de hotel.
Cogorzas, borracheras, atracones de etilismo y similares (distorsionan el mundo y, a veces, eso es bueno).
Y charlas aburridas sobre la eficacia del tratamiento cognitivo conductual, conductual y sus terceras generaciones sobre las diferentes patologías mentales.
Eso ha sido el congreso de Huelva de la AEPCP.
La verdad es que ha estado genial, sobre todo la parte extraoficial. He conocido a muchos PIRES, facultativos y ponentes. Sí, ha molado.
Bien, antes de pasar a criticar la parte oficial y a riesgo de que algunos de mis amigos me crucifiquen por mi falta de ortodoxia, quiero aclarar algo.
Hay más de 400 psicoterapias y 5 corrientes principales en psicología clínica. Todas convergen, todas tienen el mismo objetivo (resolver los problemas de la persona), pero cada una de ellas pone el énfasis en una parte distinta del conjunto de la vida de la persona.
Por ejemplo, la sistémica se centra en las relaciones familiares, la humanista en la relación terapeútica y en la experiencia vital de la persona, la existencial en la angustia que provoca la vida y la incertidumbre, el psicoanálisis en las relaciones con nosotros mismos a un nivel profundo, la cognitiva se centra en cómo procesamos la información externa y la conductual en lo que hacemos y se observa.
Quizá deberíamos teorizar otra corriente que relacione todo y ponga el peso distribuido en cada factor y así sea capaz de destacar en cada momento lo esencial y lo más importante sin olvidar su interacción (causalidad circular).
Bien. ¿Por qué no me ha gustado la parte oficial del congreso en general? Pues porque todo eran alabanzas a la terapia cognitiva, conductual, a su mezcla y a las hijas de ella, pero cojeaba de algo.
Se hablaba sin cesar de la evidencia científica, de la medicina basada en la evidencia. ¿Pero qué es eso? En psicología no es más que demostrar científicamente que tal o cual técnica reduce de forma clínica y estadísticamente significativa un conjunto de síntomas que, ¡Oh, sorpresa! son los que están descritos en las clasificaciones PSIQUIATRICAS tradicionales. Es decir, síndromes consensuados (es decir, por opiniones de expertos, es decir, medicina basada en la EMINENCIA y no en la EVIDENCIA) sin evidencia alguna de etiología, curso, pronóstico y divertidos modelos de diátesis - estrés que tratan de ser biopsicosociales, pero que, curiosamente, acaban por enfatizar en el principio de todo un reduccionismo biológico que me asusta muchísimo.
Eso se le da de fábula a la terapia cognitivo conductual y sus derivadas, quizá por eso sea la preferida de los psiquiatras biológicos.
Hay otras corrientes que afirman que la sintomatología tiene una función, si eliminas esa sintomatología y no atacas la base que la produce es lógico que salga por otro lado. Dejar de lado tan crucial axioma es uno de los errores de estas terapias.
Otro es que trata de ser un conjunto protocolizado y aséptico de terapia, racional, medible y científico. Pero, como dice otra de las corrientes "Es imposible no comunicar", quizá uno de los postulados que se deriven de esto sea "por lo tanto, es imposible no influir". ¿Qué pasa con la interpretación que hace el paciente de la información que le damos con nuestro propio tono de voz, nuestra propia comunicación gestual? ¿La realidad del propio paciente la pasamos por alto?
Centrémonos en el procesamiento de la información, ¿pero qué pasa con la integración de esa información?
Sin embargo, a mi parecer el error más grave de este tipo de enfoques es su desesperado intento de encontrar una causa que provoque los efectos en las personas aquejadas de sintomatología. La forma cabezota de quedarse anclado en el pasado es evidente, aparece la causalidad lineal.
La psicología científica trata de imitar a las ciencias naturales por antonomasia. No obstante estas ciencias a principios del siglo XX dieron un salto de paradigma y comenzaron a desestimar la causalidad lineal en fenómenos tan complejos como la formación del universo o la interacción cuántica en favor de una causalidad circular donde todo causa todo.
Eso es tan cierto en la psicología como en ellas y, precisamente deberíamos haberlo visto antes que las citadas. ¿Qué fue primero el huevo o la gallina? ¿Qué causó qué cosa? El tiempo y la contingencia son relativos y variables.
Se acusa al psicoanálisis de preguntarse el por qué de todo, su baladí intento de averiguar el origen de todo, pero en eso se parece a lo cognitivo conductual y ésta acaba reduciendo a biología sus postulados (¡hola, modelos de vulnerabilidad - estrés !)
Puede que a estas alturas de evolución y desarrollo humanos no sea adecuado tratar de buscar las causas primeras, sino saltar cualitativamente y ver cómo todo causa todo en una interrelación tan armónica como una sinfonía en su apogeo.
domingo, 30 de noviembre de 2008
sábado, 25 de octubre de 2008
Mi primer beso...
En los libros lo describen como puro, limpio, romántico. En las películas lo muestran como dulce, pulcro, inocente.
Pero en mi caso no fue así y creo que arrastro sus consecuencias.
Mi primer beso fue indecente, corrupto, ansioso, amargo, obsceno y, ante todo, culpable.
No consigo deshacerme de ella. Me arrastra, creo que me alimenta, que me impulsa.
Nací de ella, como todos, pero a diferencia de muchos no trato de negarla, al menos ya no.
La lujuria me atrapa y, precisamente por eso, me define.
Y allí estaba yo, con apenas quince años y la lascivia tatuada en el alma, frente a unos labios desconocidos y un rostro borroso en mi excitación.
Y busqué esos labios ajenos con los míos, pero no había inocencia, sólo ganas y una atracción irresistible desde la parte más incomprensible de mi ser.
Los encontré. Entonces toda mi sangre inundó mi entrepierna y mi cerebro se rompió con su textura, descuartizado a cuchillazos de libido.
Y nuestras bocas se abrieron y nuestras lenguas se exploraron. Me sentí como el hombre que descubre un secreto hundido en el olvido; y me sentí vivo, completo. Pero no me completaba la otra persona sino la satisfacción de mi lujuria. Allí vi su cara por primera vez y supe que la había buscado desde que entendí que yo era un ser diferente al mundo que me rodeaba.
Y sólo saboreaba el color rojo de la sangre, de la lengua, de los pezones y de la parte interna de los genitales, todo lo saboreaba en ese beso.
Y sólo sentía latigazos de color rojo por todo mi cuerpo. Y sólo veía saliva de color rojo ante mis ojos. Me zambullí en ella y encontré un millón de puñales rojos que se bebían mi sangre roja, mientras mis dientes rojos mordían una lengua roja que no era la mía y mis labios rojos sellaban la única salida.
No había pureza en ese beso, sólo deseos de arrancar la ropa a la chica que me lo regalaba y que se convertiría en una de las losas más pesadas que habría de cargar en mi vida. Y después de la ropa, desgarrar sus pechos con las manos, su cuello con mis dedos, su espalda con mis puños y su sexo con mis uñas sin separar mi boca de la suya, para descubrir cómo la parte más física se entrelaza con la más espiritual en un orgasmo de sangre y preguntas, de fluidos y pensamientos, de gemidos y lágrimas. De chillidos y respuestas.
Y me sentí culpable. Culpable por sentir eso, por desearlo. Pensaba que era horrible que la lujuria viviera a través de mí, pensaba que todo había empezado con ese beso.
Pero ahora veo que con ese beso no comenzó nada. Ese beso era inevitable.
Estoy seguro que con otra persona y en otras circunstancias el resultado habría sido el mismo.
Así que me envuelvo en mi lujurioso desenfreno y dejo que me arrastre, porque, al fin y al cabo, soy yo quien se arrastra a sí mismo.
Lo acepto.
¿Por qué voy a cambiar la fuerza donde nacen los sentimientos que me hacen humano, que me obliga a aferrarme a la vida?
¿Por qué voy a cambiar la esencia que me da mi lugar en el mundo, que me da la posibilidad de comprenderme a mí mismo y a mi entorno?
Ya no la niego.
Me siento culpable, porque lo soy.
Perdón, no puedo evitar decirlo con orgullo.
Pero en mi caso no fue así y creo que arrastro sus consecuencias.
Mi primer beso fue indecente, corrupto, ansioso, amargo, obsceno y, ante todo, culpable.
No consigo deshacerme de ella. Me arrastra, creo que me alimenta, que me impulsa.
Nací de ella, como todos, pero a diferencia de muchos no trato de negarla, al menos ya no.
La lujuria me atrapa y, precisamente por eso, me define.
Y allí estaba yo, con apenas quince años y la lascivia tatuada en el alma, frente a unos labios desconocidos y un rostro borroso en mi excitación.
Y busqué esos labios ajenos con los míos, pero no había inocencia, sólo ganas y una atracción irresistible desde la parte más incomprensible de mi ser.
Los encontré. Entonces toda mi sangre inundó mi entrepierna y mi cerebro se rompió con su textura, descuartizado a cuchillazos de libido.
Y nuestras bocas se abrieron y nuestras lenguas se exploraron. Me sentí como el hombre que descubre un secreto hundido en el olvido; y me sentí vivo, completo. Pero no me completaba la otra persona sino la satisfacción de mi lujuria. Allí vi su cara por primera vez y supe que la había buscado desde que entendí que yo era un ser diferente al mundo que me rodeaba.
Y sólo saboreaba el color rojo de la sangre, de la lengua, de los pezones y de la parte interna de los genitales, todo lo saboreaba en ese beso.
Y sólo sentía latigazos de color rojo por todo mi cuerpo. Y sólo veía saliva de color rojo ante mis ojos. Me zambullí en ella y encontré un millón de puñales rojos que se bebían mi sangre roja, mientras mis dientes rojos mordían una lengua roja que no era la mía y mis labios rojos sellaban la única salida.
No había pureza en ese beso, sólo deseos de arrancar la ropa a la chica que me lo regalaba y que se convertiría en una de las losas más pesadas que habría de cargar en mi vida. Y después de la ropa, desgarrar sus pechos con las manos, su cuello con mis dedos, su espalda con mis puños y su sexo con mis uñas sin separar mi boca de la suya, para descubrir cómo la parte más física se entrelaza con la más espiritual en un orgasmo de sangre y preguntas, de fluidos y pensamientos, de gemidos y lágrimas. De chillidos y respuestas.
Y me sentí culpable. Culpable por sentir eso, por desearlo. Pensaba que era horrible que la lujuria viviera a través de mí, pensaba que todo había empezado con ese beso.
Pero ahora veo que con ese beso no comenzó nada. Ese beso era inevitable.
Estoy seguro que con otra persona y en otras circunstancias el resultado habría sido el mismo.
Así que me envuelvo en mi lujurioso desenfreno y dejo que me arrastre, porque, al fin y al cabo, soy yo quien se arrastra a sí mismo.
Lo acepto.
¿Por qué voy a cambiar la fuerza donde nacen los sentimientos que me hacen humano, que me obliga a aferrarme a la vida?
¿Por qué voy a cambiar la esencia que me da mi lugar en el mundo, que me da la posibilidad de comprenderme a mí mismo y a mi entorno?
Ya no la niego.
Me siento culpable, porque lo soy.
Perdón, no puedo evitar decirlo con orgullo.
Etiquetas:
Creación literaria,
Introspección
sábado, 18 de octubre de 2008
La mejor canción del mundo traducida
Y el SEXO siempre estuvo allí desde que yo tenía sólo ocho años.
Tentándome, dejándome sediento.
Sudor, piel, un PULSO divino para equilibrar esta mente agitada.
Parecía tan maravillosamente físico.
Oh, la SANGRE, la lujuria, los cuerpos que colorean el mundo:
¡Todos drogas para morir por ellas! ¿No compartirías mi fuego?
¿Cómo puede el AMOR hacer del mundo un campo de minas de SUELO prohibido?
¿Un mapa de piel intocable y deseo SILENCIADO?
Y el amor allí fue en vano, PROFUNDO e insondable pero marcado con dolor.
Demasiado pronto para un niño de DIEZ años.
Amando las puras y sanas vio la diosa inmaculada,
observándola se convirtió en carne otra vez.
HAMBRIENTO de ambas PUREZA y PECADO
La vida apenas le parecía una GALERÍA de cómo ser
Y él siempre fue mucho más HUMANO de lo que deseaba
Pero había una LÓGICA en su mundo, si sólo pudieran verla.
Deseando - Harto - Enfermo - Marcando
Cada vez que alguien calma mi hambre (está en mi sangre) siempre crece más fuerte (marcando)
BUDAPEST estoy aprendiendo, Budapest me estás quemando
Este no es quien quise ser, esto no es lo que quise ver.
Ella es muy joven, entonces ¿por qué no me siento libre ahora que está debajo de mí?
Desnudo - Tocando - Suave - Agarrando
Y después de todo, eso me dirige aquí para despertarme otra vez
Buscando un amor que pueda hacerme sentir libre conmigo mismo pero entonces resulta ser
Algo que duele dentro cuando tocamos, así que sigo, pierdo mi camino
Extraviado, estoy intentando muchísimo sentirme sin cadenas, agotar la sensación de sentir frío
Y todos los días busco mi presa: Alguien que saborear y sostener
Me siento vivo durante la fracción de segundo en que ellas sonríen y encuentran mis ojos
Pero podría llorar porque me siento ¡roto por dentro!
VEN y AHOGATE conmigo
¡ La CORRIENTE nos barrerá!
Y verás que soy ADICTO a mi HONESTIDAD
¡Confía! Porque después de todo mi sentido de la VERDAD una vez me trajo aquí
Pero he PERDIDO el control y no sé si confío en mi alma
He perdido el CONTROL y no sé si confío en mi alma
Pierdo del control y no sé si CONFÍO EN ALGO
Y siempre fuimos mucho más humanos de lo que deseábamos
Y recuerdo cuando dijiste que habías estado DEBAJO de él
Me sorprendí al sentir tanto dolor
Y todos esos años siéndote FIEL a pesar del hambre que corría por mis venas
Y siempre he intentado calmar las cosas
TRAGANDO, tragando
"Sólo es otra ESPINA pequeña en mi corona"
Pero de repente un día había demasiada sangre en mis ojos
Y tuve que bajar andando esta
CALLE DE LA EXPIACIÓN de cuándos y por qués...
Vacío - Lamiendo - Limpio - Ahogando
Cada vez que ALGUIEN calma mi hambre (poseyendo mi mente) siempre crece más fuerte (ansiando)
BUDAPEST estoy aprendiendo, Budapest me estoy abrasando
Este no es quien quise ser, esto no es lo que quise ver
Ella es muy joven, entonces ¿Por qué no me siento libre ahora que está debajo de mí?
Por la mañana se está yendo en un taxi de Budapest que yo he pagado
Buscando la libertad toqué lo intocable
Es demasiado
Soy INACEPTABLE...
Prematura es tu historia y la mía, y siempre fuimos mucho más humanos de lo que deseábamos
Verdaderamente prematura es tu historia y la mía, y siempre fuimos mucho más humanos de lo que deseábamos
Siempre fuimos mucho más humanos de lo que deseábamos, siempre fuimos mucho más humanos de lo que deseábamos
Siempre seremos más humanos de lo que desamos
SIEMPRE SEREMOS MUCHO MÁS HUMANOS DE LO QUE DESAMOS...
(Beyond the Pale, Pain of Salvation, disco: Remedy Lane)
Tentándome, dejándome sediento.
Sudor, piel, un PULSO divino para equilibrar esta mente agitada.
Parecía tan maravillosamente físico.
Oh, la SANGRE, la lujuria, los cuerpos que colorean el mundo:
¡Todos drogas para morir por ellas! ¿No compartirías mi fuego?
¿Cómo puede el AMOR hacer del mundo un campo de minas de SUELO prohibido?
¿Un mapa de piel intocable y deseo SILENCIADO?
Y el amor allí fue en vano, PROFUNDO e insondable pero marcado con dolor.
Demasiado pronto para un niño de DIEZ años.
Amando las puras y sanas vio la diosa inmaculada,
observándola se convirtió en carne otra vez.
HAMBRIENTO de ambas PUREZA y PECADO
La vida apenas le parecía una GALERÍA de cómo ser
Y él siempre fue mucho más HUMANO de lo que deseaba
Pero había una LÓGICA en su mundo, si sólo pudieran verla.
Deseando - Harto - Enfermo - Marcando
Cada vez que alguien calma mi hambre (está en mi sangre) siempre crece más fuerte (marcando)
BUDAPEST estoy aprendiendo, Budapest me estás quemando
Este no es quien quise ser, esto no es lo que quise ver.
Ella es muy joven, entonces ¿por qué no me siento libre ahora que está debajo de mí?
Desnudo - Tocando - Suave - Agarrando
Y después de todo, eso me dirige aquí para despertarme otra vez
Buscando un amor que pueda hacerme sentir libre conmigo mismo pero entonces resulta ser
Algo que duele dentro cuando tocamos, así que sigo, pierdo mi camino
Extraviado, estoy intentando muchísimo sentirme sin cadenas, agotar la sensación de sentir frío
Y todos los días busco mi presa: Alguien que saborear y sostener
Me siento vivo durante la fracción de segundo en que ellas sonríen y encuentran mis ojos
Pero podría llorar porque me siento ¡roto por dentro!
VEN y AHOGATE conmigo
¡ La CORRIENTE nos barrerá!
Y verás que soy ADICTO a mi HONESTIDAD
¡Confía! Porque después de todo mi sentido de la VERDAD una vez me trajo aquí
Pero he PERDIDO el control y no sé si confío en mi alma
He perdido el CONTROL y no sé si confío en mi alma
Pierdo del control y no sé si CONFÍO EN ALGO
Y siempre fuimos mucho más humanos de lo que deseábamos
Y recuerdo cuando dijiste que habías estado DEBAJO de él
Me sorprendí al sentir tanto dolor
Y todos esos años siéndote FIEL a pesar del hambre que corría por mis venas
Y siempre he intentado calmar las cosas
TRAGANDO, tragando
"Sólo es otra ESPINA pequeña en mi corona"
Pero de repente un día había demasiada sangre en mis ojos
Y tuve que bajar andando esta
CALLE DE LA EXPIACIÓN de cuándos y por qués...
Vacío - Lamiendo - Limpio - Ahogando
Cada vez que ALGUIEN calma mi hambre (poseyendo mi mente) siempre crece más fuerte (ansiando)
BUDAPEST estoy aprendiendo, Budapest me estoy abrasando
Este no es quien quise ser, esto no es lo que quise ver
Ella es muy joven, entonces ¿Por qué no me siento libre ahora que está debajo de mí?
Por la mañana se está yendo en un taxi de Budapest que yo he pagado
Buscando la libertad toqué lo intocable
Es demasiado
Soy INACEPTABLE...
Prematura es tu historia y la mía, y siempre fuimos mucho más humanos de lo que deseábamos
Verdaderamente prematura es tu historia y la mía, y siempre fuimos mucho más humanos de lo que deseábamos
Siempre fuimos mucho más humanos de lo que deseábamos, siempre fuimos mucho más humanos de lo que deseábamos
Siempre seremos más humanos de lo que desamos
SIEMPRE SEREMOS MUCHO MÁS HUMANOS DE LO QUE DESAMOS...
(Beyond the Pale, Pain of Salvation, disco: Remedy Lane)
viernes, 17 de octubre de 2008
Pensamientos V
Creo que al final no somos más que niños malcriados suplicando atención, objetos banales o contacto físico.
Nuestra tolerancia a la frustración desciende a medida que vamos madurando.
Cuando la realidad social nos arrebata hasta lo más íntimo de nuestro ser.
Te miras al espejo y te das asco. Te odias cada segundo de tu vida. ¿Por qué? y no quieres saber la respuesta. Demasiado caliente, demasiado cierta.
Vomitarías todos los recuerdos, violarías todos los sueños sólo para negarte a ti mismo.
Has deshollado todas tus capas y en el núcleo sólo hay vacío. Vamos, niégalo.
Ignorar el sufrimiento no hace que deje de existir, eso ya lo sabías, así que te nutres de él para enterrarte a ti mismo.
Tienes, quieres. Te arrebatan, te suicidas.
Malhallada rabia que te hace consciente. Malnacido rencor que te obliga a amar. Maldita fachada que te exige aparentar.
Implosionas en un acorde mayor y renaces en menor. Y te detestas y te arrancas el alma a hachazos de sarcasmo y no te encuentras y lloras escupiendo saliva por los ojos y suplicas ante un ídolo disfrazado de Armani y te revientas la cabeza contra el suelo, una vez y otra y otra, hasta que solo queda una pulpa sanguinolenta donde agonizan tus pensamientos mientras los estertores de las emociones se acoplan a tu indiferencia.
Y desapareces.
Y...
Y no ha cambiado nada.
Nuestra tolerancia a la frustración desciende a medida que vamos madurando.
Cuando la realidad social nos arrebata hasta lo más íntimo de nuestro ser.
Te miras al espejo y te das asco. Te odias cada segundo de tu vida. ¿Por qué? y no quieres saber la respuesta. Demasiado caliente, demasiado cierta.
Vomitarías todos los recuerdos, violarías todos los sueños sólo para negarte a ti mismo.
Has deshollado todas tus capas y en el núcleo sólo hay vacío. Vamos, niégalo.
Ignorar el sufrimiento no hace que deje de existir, eso ya lo sabías, así que te nutres de él para enterrarte a ti mismo.
Tienes, quieres. Te arrebatan, te suicidas.
Malhallada rabia que te hace consciente. Malnacido rencor que te obliga a amar. Maldita fachada que te exige aparentar.
Implosionas en un acorde mayor y renaces en menor. Y te detestas y te arrancas el alma a hachazos de sarcasmo y no te encuentras y lloras escupiendo saliva por los ojos y suplicas ante un ídolo disfrazado de Armani y te revientas la cabeza contra el suelo, una vez y otra y otra, hasta que solo queda una pulpa sanguinolenta donde agonizan tus pensamientos mientras los estertores de las emociones se acoplan a tu indiferencia.
Y desapareces.
Y...
Y no ha cambiado nada.
martes, 14 de octubre de 2008
The last Unchanged
Everything flows.
All the things, all the feelings, all the thoughts flow; they flow around and into us. They change us like a kiss change the soul, just like if we were water and they were cold and iron.
We insist that we are the force which moves the world, but we can´t understand that maybe we were only one of the many consequences that have been produced by the real forces of the world.
We are totally egocentric. We believe that ourselves are the God´s heart, while passions flow.
We are totally narcissistic. We think that the whole universe is our mirror, while conciousness flow.
We are totally deliriuos. We feel that mountains, forests, oceans and deserts are our servants, while death flows.
We are totally insane. We making love with ourselves while colours, heaven, hell, nations, people and secrets flow.
Our freedom is one of the last unchanged, like our madness or our shouts, because we always have to be fighting for them to keep them alive, and, while we wait the death, maybe we know that we are totally innecesary and that finally will make us completely human.
P. D: Mi primer post en inglés. Tengo que practicar y por eso lo hago. Pido disculpas por los horribles fallos gramaticales y ortográficos que haya podido cometer.
All the things, all the feelings, all the thoughts flow; they flow around and into us. They change us like a kiss change the soul, just like if we were water and they were cold and iron.
We insist that we are the force which moves the world, but we can´t understand that maybe we were only one of the many consequences that have been produced by the real forces of the world.
We are totally egocentric. We believe that ourselves are the God´s heart, while passions flow.
We are totally narcissistic. We think that the whole universe is our mirror, while conciousness flow.
We are totally deliriuos. We feel that mountains, forests, oceans and deserts are our servants, while death flows.
We are totally insane. We making love with ourselves while colours, heaven, hell, nations, people and secrets flow.
Our freedom is one of the last unchanged, like our madness or our shouts, because we always have to be fighting for them to keep them alive, and, while we wait the death, maybe we know that we are totally innecesary and that finally will make us completely human.
P. D: Mi primer post en inglés. Tengo que practicar y por eso lo hago. Pido disculpas por los horribles fallos gramaticales y ortográficos que haya podido cometer.
sábado, 13 de septiembre de 2008
Frikis, sí, quizá ellos nos deslumbren
Estamos seguros de identificarlos enseguida. Creemos conocerlos y puede que sintamos vergüenza ajena al verlos.
Los pobres frikis.
Cuántas veces hemos usado esa palabra. Muchas de ellas más de forma despectiva que descriptiva.
Patéticos personajillos que se disfrazan de héroes fantásticos, de ciencia ficción o de mangas japoneses.
Aislados esperpentos soñando despiertos con la cara cubierta de acné, gafas ridículas o perillas de chivo.
Cómo nos reímos de ellos y de su deformado idealismo.
Don Quijotes modernos, incomprendidos y rechazados.
Despreciamos el mundo diferente en el que ellos estarían encantados de vivir, su horrenda forma de vestir con camisetas de una comicidad sólo comprensible por su propia tribu, sus expresiones anacrónicas, desfasadas o ininiteligibles.
Nos burlamos de ellos y les miramos por encima del hombro.
Por ellos podemos sentirnos mejores, no tan locos. Sentir que estamos integrados en la sociedad, que tenemos planes de futuro, que somos "normales".
Cómo nos odio. Con nuestra estandarizada forma de vivir, nuestra aceptación incondicional de la anodina realidad. Damos pena. Somos repulsivos.
Nuestra fachada proclama a los cuatro vientos cuan individuales somos y en nuestro interior sólo conocemos la miserable igualdad que nos aglutina en una masa que autodenominamos normalidad.
Detestamos a los frikis, les consideramos fracasados, perdidos, personas física y espiritualmente execrables. Por eso nos mofamos contínuamente de ellos y usamos su nombre tribal como insulto terrible.
Y sin embargo ellos resisten y casi parece que cada día se hagan más fuertes.
Ellos defienden ideales que consideramos desfasados e infantiles. Ideales como la sinceridad, el honor, el sacrificio por los demás, el amor.
les consideramos los apestados del Siglo XXI y, quizá puede que sean los románticos, los visionarios y los idealistas de esta era.
Damos por supuesto que su identificación con héroes inexistentes procede de una bajísima autoestima, de unos fracasos brutales en lo que nosotros aceptamos que es la vida normal, y no nos paramos a pensar que quizá no nazca de eso, sino de una infancia tremendamente imaginativa, de una fuerza brutal por defender una norma ética utópica que no puede sino chocar y desangrarse contra una sociedad sucia, bastarda y corrompida como los monstruos de sus cómics y novelas.
Son los paladines de la cultura de internet y youtube, de la playstation y el tuning. Gracias a ellos aún hay valores que pueden perdurar y transmitirse.
Gordos desaliñados, granujientos grasientos, pálidos con gafas y dados de rol como amuletos, me inclino ante vosotros y vuestra perseverancia. Ante vuestro idealismo digno de Lord Byron y ante vuestro honor, ese que rechaza y hiere a la "sociedad normal".
Les despreciamos y nos reímos. Les odiamos y les aislamos. Y todo porque no nos permitimos ser como ellos, porque son una de las pocas muestras de libertad que se conservan en este mundo de acero, libretas bancarias y teléfonos móviles.
Ojalá pudieran salvarnos de nostros mismos.
La música manda:
The Seven Angels (Avantasia)
America (Pain of Salvation)
Over the Hills and Far Away (Nightwish)
Más libros, más libres
Más allá del principio del placer (Sigmund Freud)
Los pobres frikis.
Cuántas veces hemos usado esa palabra. Muchas de ellas más de forma despectiva que descriptiva.
Patéticos personajillos que se disfrazan de héroes fantásticos, de ciencia ficción o de mangas japoneses.
Aislados esperpentos soñando despiertos con la cara cubierta de acné, gafas ridículas o perillas de chivo.
Cómo nos reímos de ellos y de su deformado idealismo.
Don Quijotes modernos, incomprendidos y rechazados.
Despreciamos el mundo diferente en el que ellos estarían encantados de vivir, su horrenda forma de vestir con camisetas de una comicidad sólo comprensible por su propia tribu, sus expresiones anacrónicas, desfasadas o ininiteligibles.
Nos burlamos de ellos y les miramos por encima del hombro.
Por ellos podemos sentirnos mejores, no tan locos. Sentir que estamos integrados en la sociedad, que tenemos planes de futuro, que somos "normales".
Cómo nos odio. Con nuestra estandarizada forma de vivir, nuestra aceptación incondicional de la anodina realidad. Damos pena. Somos repulsivos.
Nuestra fachada proclama a los cuatro vientos cuan individuales somos y en nuestro interior sólo conocemos la miserable igualdad que nos aglutina en una masa que autodenominamos normalidad.
Detestamos a los frikis, les consideramos fracasados, perdidos, personas física y espiritualmente execrables. Por eso nos mofamos contínuamente de ellos y usamos su nombre tribal como insulto terrible.
Y sin embargo ellos resisten y casi parece que cada día se hagan más fuertes.
Ellos defienden ideales que consideramos desfasados e infantiles. Ideales como la sinceridad, el honor, el sacrificio por los demás, el amor.
les consideramos los apestados del Siglo XXI y, quizá puede que sean los románticos, los visionarios y los idealistas de esta era.
Damos por supuesto que su identificación con héroes inexistentes procede de una bajísima autoestima, de unos fracasos brutales en lo que nosotros aceptamos que es la vida normal, y no nos paramos a pensar que quizá no nazca de eso, sino de una infancia tremendamente imaginativa, de una fuerza brutal por defender una norma ética utópica que no puede sino chocar y desangrarse contra una sociedad sucia, bastarda y corrompida como los monstruos de sus cómics y novelas.
Son los paladines de la cultura de internet y youtube, de la playstation y el tuning. Gracias a ellos aún hay valores que pueden perdurar y transmitirse.
Gordos desaliñados, granujientos grasientos, pálidos con gafas y dados de rol como amuletos, me inclino ante vosotros y vuestra perseverancia. Ante vuestro idealismo digno de Lord Byron y ante vuestro honor, ese que rechaza y hiere a la "sociedad normal".
Les despreciamos y nos reímos. Les odiamos y les aislamos. Y todo porque no nos permitimos ser como ellos, porque son una de las pocas muestras de libertad que se conservan en este mundo de acero, libretas bancarias y teléfonos móviles.
Ojalá pudieran salvarnos de nostros mismos.
La música manda:
The Seven Angels (Avantasia)
America (Pain of Salvation)
Over the Hills and Far Away (Nightwish)
Más libros, más libres
Más allá del principio del placer (Sigmund Freud)
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Libertad = Desesperación
Aún siento el sabor metálico del óxido en la boca. Es consecuencia de romper cadenas con los dientes.
Cadenas viejas, pesadas e inevitables.
Si te digo la verdad, no sé si merece la pena.
De qué sirve que los dientes desgarren metal si su regusto oxidado te envenena el alma.
O te quedas prisionero o te vuelves loco siendo libre.
El problema estriba en que una vez que eres consciente de tu cautiverio no te quedan más opciones que tratar de escapar o vivir deshaciéndote en alaridos de agonía al darte cuenta de qué lugar ocupas, de que eres sólo el final de los grilletes y aceptar eso acaba con tu ánimo y tu vida.
Así que si no te suicidas, muerdes y desgajas metal que va oxidando tu corazón.
Elegí ser libre y entonces empecé a tener miedo. Elegí decidir y me aterroricé al imaginar lo que podría perder con cada decisión.
Miedo de tener que elegir y no tener más remedio que hacerlo, miedo de perder, miedo de vivir, miedo de respirar por temor a que la próxima bocanada sea vacío.
Para ser libre sin oxidarte no hay que tener miedo a perder nada, por eso los auténticos hombres libres son los que no tienen nada que perder. Los desesperados.
La sociedad actual equipara metas morales con objetos materiales. Por eso tenemos miedo de decidir, porque podemos perder cosas que socialmente nos acercan a la felicidad, a la verdad o a la salvación; o bien podemos perder recursos que nos permitan obtener dichas cosas como trabajo, prestigio social o autoestima, todos productos o externos o reflejos internos de lo externo.
Tánatos se apodera de los que nos pasamos la vida masticando metal y no logramos desposeernos de lo que nos da miedo perder y jamás seremos libres porque mientras mordemos y tragamos, luchamos contra tánatos.
El impulso autodestructivo es el que logra los ideales utópicos. Si orientamos nuestros deseos a consumirnos en una vorágine de sufrimiento, en una hoguera sangrante y aullante de suicidio, qué no seremos capaces de hacer con lo que está fuera de nosotros, con los demás, con las normas, con la religión, con el mundo, con la existencia colectiva que idiotiza los sentidos y niega el final de la vida.
En la locura suicida del desesperado está la libertad genuina. La libertad conquistada sin condiciones, sólo porque es una meta en sí. Libertad ensangrentada, de vida marchitada por haberla absorbido hasta el frenesí del hedonismo. Libertad como derrota y masoquismo. Libertad sádica esculpida de la decepción. Libertad. LIBERTAD.
Somos aves fénix que no terminamos de consumirnos y, por lo tanto, no renacemos jamás.
La música manda:
Push (Matchbox 20)
Boulevard of broken dreams (Green Day)
Swanheart (Nightwish)
Más libros, más LIBRES
La conquista de la Felicidad (Bertrand Russell)
Cadenas viejas, pesadas e inevitables.
Si te digo la verdad, no sé si merece la pena.
De qué sirve que los dientes desgarren metal si su regusto oxidado te envenena el alma.
O te quedas prisionero o te vuelves loco siendo libre.
El problema estriba en que una vez que eres consciente de tu cautiverio no te quedan más opciones que tratar de escapar o vivir deshaciéndote en alaridos de agonía al darte cuenta de qué lugar ocupas, de que eres sólo el final de los grilletes y aceptar eso acaba con tu ánimo y tu vida.
Así que si no te suicidas, muerdes y desgajas metal que va oxidando tu corazón.
Elegí ser libre y entonces empecé a tener miedo. Elegí decidir y me aterroricé al imaginar lo que podría perder con cada decisión.
Miedo de tener que elegir y no tener más remedio que hacerlo, miedo de perder, miedo de vivir, miedo de respirar por temor a que la próxima bocanada sea vacío.
Para ser libre sin oxidarte no hay que tener miedo a perder nada, por eso los auténticos hombres libres son los que no tienen nada que perder. Los desesperados.
La sociedad actual equipara metas morales con objetos materiales. Por eso tenemos miedo de decidir, porque podemos perder cosas que socialmente nos acercan a la felicidad, a la verdad o a la salvación; o bien podemos perder recursos que nos permitan obtener dichas cosas como trabajo, prestigio social o autoestima, todos productos o externos o reflejos internos de lo externo.
Tánatos se apodera de los que nos pasamos la vida masticando metal y no logramos desposeernos de lo que nos da miedo perder y jamás seremos libres porque mientras mordemos y tragamos, luchamos contra tánatos.
El impulso autodestructivo es el que logra los ideales utópicos. Si orientamos nuestros deseos a consumirnos en una vorágine de sufrimiento, en una hoguera sangrante y aullante de suicidio, qué no seremos capaces de hacer con lo que está fuera de nosotros, con los demás, con las normas, con la religión, con el mundo, con la existencia colectiva que idiotiza los sentidos y niega el final de la vida.
En la locura suicida del desesperado está la libertad genuina. La libertad conquistada sin condiciones, sólo porque es una meta en sí. Libertad ensangrentada, de vida marchitada por haberla absorbido hasta el frenesí del hedonismo. Libertad como derrota y masoquismo. Libertad sádica esculpida de la decepción. Libertad. LIBERTAD.
Somos aves fénix que no terminamos de consumirnos y, por lo tanto, no renacemos jamás.
La música manda:
Push (Matchbox 20)
Boulevard of broken dreams (Green Day)
Swanheart (Nightwish)
Más libros, más LIBRES
La conquista de la Felicidad (Bertrand Russell)
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